
Opinión
Washington y Caracas
Entre la distensión imposible y el desgaste anunciado
Don Express
18 de noviembre de 2025
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Cancún, Quintana Roo, 18 de noviembre del 2025.- La relación entre Estados Unidos y Venezuela vive, una vez más, un momento de tensión disfrazado de diplomacia. A pesar de los intentos públicos de acercamiento, ambos gobiernos continúan atrapados en una dinámica donde los gestos políticos pesan más que los resultados reales. La narrativa oficial habla de diálogo y alivio de sanciones, pero en los hechos, la desconfianza es absoluta y los avances, mínimos.
Para Washington, Venezuela sigue siendo un asunto de geopolítica y petróleo. En tiempos de inestabilidad internacional, la Casa Blanca busca controlar la presencia de potencias como Rusia, China e Irán en la región, mientras garantiza suministros energéticos estratégicos. Sin embargo, cada movimiento está atado al cumplimiento de acuerdos electorales y a la presión de sectores internos que no perdonan cualquier gesto que parezca una legitimación del gobierno de Nicolás Maduro.
Del lado venezolano, la estrategia es clara: sobrevivir negociando cuando conviene y confrontar cuando es necesario. Con una economía golpeada y una oposición fragmentada, Maduro ha aprendido a usar las sanciones y la amenaza de intervención externa como herramientas de cohesión interna, fortaleciendo un discurso nacionalista que aún le rinde frutos. Cada suspensión o reinstalación de sanciones se convierte en argumento político, más que en variable económica.
La tensión actual no es un accidente; es el resultado de una relación construida sobre el cálculo y el desgaste. Estados Unidos necesita estabilidad, pero no está dispuesto a conceder legitimidad sin condiciones. Venezuela necesita respiro económico, pero no acepta ceder el control político que sostiene su modelo de poder. Así, ambos países se acercan, pero solo lo suficiente para no romper definitivamente. Es una coreografía de conveniencia.
Mientras tanto, la población venezolana sigue siendo la principal víctima de esta confrontación prolongada: inflación, migración masiva y servicios públicos colapsados siguen conformando el día a día de millones, sin que la diplomacia tenga un impacto real en su realidad. La política exterior de Estados Unidos tampoco logra beneficios concretos: ni ha logrado un cambio de régimen, ni ha mejorado su imagen en la región.
Hoy, la relación bilateral está detenida entre el pragmatismo y la propaganda. No es un conflicto abierto, pero tampoco es una negociación honesta. Y en esa zona gris, cada gesto diplomático se convierte en una herramienta táctica, no en una solución. Washington y Caracas seguirán dialogando, pero solo aquello que no comprometa sus líneas rojas. Porque en esta historia, todos saben que lo que está en juego no es solo el petróleo ni las elecciones, sino el modelo de poder que definirá el futuro de América Latina.
Etiquetas:
#Guerra#Paz#Inestabilidad
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